16 de octubre Día Mundial de la Alimentación

El Día Mundial de la Alimentación fue proclamado en 1979 por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Pasados 40 años, es un buen momento para reflexionar y tomar conciencia sobre la pérdida y el desperdicio de alimentos, algo que nos exige poner manos a la obra, ya.

No dejes comida en el plato, alguien podría necesitarla  

La pérdida y el desperdicio de alimentos es un problema de gran magnitud. Según la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), casi una tercera parte de la comida del planeta se desperdicia: unas 1.300 millones de toneladas al año. ¿A dónde van a parar todos esos alimentos?

A no desperdiciar, que se acaba el mundo

Resulta asombroso cruzar las cifras de hambre con las de desperdicios de alimentos a nivel mundial. Hoy 800 millones de personas padecen hambre y, al mismo tiempo, se está desperdiciando el 30% de la comida que se produce en el mundo, lo cual serviría para darle de comer a 2.000 millones de personas. Por otro lado, un mundo en crecimiento necesitará para el 2050 producir comida para 2.000 millones de habitantes más. Una paradoja de dimensiones épicas.

En los años 70, en Europa no sobraba comida en los platos de los comensales, ni una miga. El recuerdo del hambre pasado en la guerra mundial, generó una cultura del no desperdicio. Pero los tiempos están cambiando. En muchos lugares del mundo, incluso algunos lugares de Argentina, se sirven porciones descomunales y enormes cantidades de alimentos terminan en la basura ¿Qué podemos hacer? El primer paso para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es lograr que todos nos demos cuenta que esto es un problema.


 

Diferencia entre pérdida y desperdicio

Comencemos por el principio. La definición de alimento del Código Alimentario Argentino nos dice que alimento es “toda substancia o mezcla de substancias naturales o elaboradas que ingeridas por el hombre aporten a su organismo los materiales y la energía necesarios para el desarrollo de sus procesos biológicos”. Los alimentos son esenciales para mantener una vida plena y saludable. Entonces ¿por qué desperdiciarlos?

Muchos de los alimentos producidos para consumo humano se pierden o se desperdician cada año, a lo largo de un camino que se extiende desde los campos de cultivo y las granjas, hasta las plantas de procesamiento, los mercados, los vendedores minoristas y nuestros hogares. Parte de la producción se pierde por el efecto de insectos, malezas y enfermedades. Adicionalmente, en los países en vías de desarrollo, gran parte de los alimentos se pierde después de la cosecha por falta de instalaciones adecuadas de almacenamiento, de buenas carreteras y de opciones de refrigeración. Así, entendemos por “perdidos”, a los productos abandonados o descartados durante la cosecha, el traslado o el procesamiento.

En cambio, en los países desarrollados o industrializados, en general hay menos pérdidas, pero los alimentos se desperdician mucho más porque hay mayores exigencias de calidad en los puntos de venta y, a su vez, los consumidores tiran más comida. Así “desperdiciado” es el producto descartado por los vendedores, en supermercados, y por los consumidores, en restaurantes y hogares.


Veamos algunos ejemplos de pérdida y desperdicio, a nivel mundial

En África, entre el 10 y el 20% de los granos subsaharianos se pierde por efecto de hongos, insectos y roedores, ya que sus instalaciones de almacenamiento y transporte no son las adecuadas. Si no se perdiera esta cantidad, se podría alimentar a 48 millones de personas durante un año. Además, la mayoría de los países africanos no tienen tecnología para enlatar, desecar o embotellar. India pierde un estimado de 35 a 40% de sus frutas y vegetales. Nuestro país no está ajeno a esta problemática.

En muchos países desarrollados se desperdician alimentos en los restaurantes que ofrecen porciones demasiado grandes. Nosotros, los consumidores, a veces nos servimos porciones muy grandes y no solemos reutilizar lo que dejamos transformándolo en otro plato o comida, y a veces no nos damos cuenta que estamos tirando alimentos comestibles a la basura. Pero la realidad es que en Argentina se pierden y desperdician 16 millones de toneladas de alimentos por año.


Para cada problema, una solución

Cada vez hay más estrategias innovadoras para reducir la cantidad de alimentos que desechamos. Veamos algunos ejemplos.

  • - En la ciudad agrícola de Huaral (Perú), el 30% de la cosecha de mandarinas es rechazada por cuestiones de tamaño, color, manchas, marcas y rasguños, entre otras; por no cumplir con los estándares de exportación. La mayoría de los frutos rechazados se destina entonces a los mercados locales, pero con una ganancia de un tercio del precio de las exportaciones.

  • - En los Estados Unidos, unos 2.500 millones de kilos de frutas y hortalizas no se cosechan y no se venden, por motivos “estéticos”. Una nueva empresa de California, con el nombre de “Imperfect”, compra actualmente productos de apariencia extraña a productores. Su lema es comer lo “feo”, verduras no perfectas en su aspecto, pero que mantienen el sabor y son más baratas.

  • - Durante años, en una cadena de supermercados de Estados Unidos desechaban el cartón completo de huevos si uno se rompía, en lugar de reemplazar el huevo roto por uno sano. Actualmente en dicho país, están implementando en algunas sucursales de la cadena un programa piloto que utiliza un sistema laser para obtener información que les indica a los repositores sustituir el huevo roto por uno nuevo. Si se adoptase el sistema en todas las sucursales del supermercado en todo Estados Unidos, se podría salvar el descarte de unos 5.000 millones de huevos al año

  • - La FAO entregó 18.000 silos pequeños de metal a agricultores de Afganistán. De esta manera, la pérdida de granos de cereal y leguminosas, que antes era de entre el 15 y el 20%, bajó al 2%. Almacenar tiene una ventaja adicional. Los productores pueden vender a mejores precios en lugar de vender inmediatamente luego de la cosecha, que es cuando los mercados están saturados.

  • - En 2016, Tristram Stuart, autor del libro “Despilfarro. El escándalo global de la comida”, lanzó una cerveza llamada Toast Ale, que está elaborada con sobras de pan, uno de los alimentos que más se desperdician en los hogares. En Toast Ale reemplazan la cebada malteada por el pan que no llega a usarse fresco y de otra forma se desperdiciaría.

  • - Algunos fabricantes están construyendo heladeras que toman imágenes de su contenido y las envían a sus dueños mientras hacen las compras. Así saben, qué necesitan comprar exactamente y qué no, para hacer compras racionales.

  • - En la ciudad de Helsinki, en Finlandia, un supermercado local instauró la “hora feliz” para vender exactamente a las 21 horas cortes de carne de cerdo a precios rebajados, con 60% de descuento. Antes de esta iniciativa, y a la hora de cierre del supermercado, estos productos se tiraban a la basura. Algo similar sucede en Argentina: algunas marcas de productos de pan y panaderías venden a precios más económicos los paquetes de pan con fecha cercana al vencimiento o en horarios próximos a la hora de cierre de las panaderías.

  • - Heladeras sociales. En el año 2015, en la provincia de Tucumán (Argentina) Luis Manuel Pondal, Fernando Ríos y Daniela Viña, tuvieron una iniciativa: colocar la mercadería que no vendían de sus restaurantes en una heladera “pública”. Se los conoce como los creadores de la Heladera Social, un electrodoméstico que mira a la calle para que los vecinos (ciudadanos y comerciantes) depositen allí la comida que ya no comen o venden, para que se mantenga en buen estado de conservación y para que alguien pueda retirarla si está pasando hambre. El lema de la heladera social es "La comida no se tira. Retirá sólo lo que necesites". Para conservar la comida en forma adecuada crearon un “protocolo” de guardado y cuidado donde se le pide a la gente que quiere ser parte del proyecto, que coloque los alimentos en una bandeja, con papel film, y con la fecha en la que fue elaborado. El ejemplo fue imitado en otras provincias. Hoy ya son más de 120 heladeras sociales en todo el país. Misiones y Córdoba son las provincias que lideran el proyecto con mayor cantidad de heladeras. En el proyecto Heladera Social nunca se habla de sobras, sino de compartir el plato de comida con otra persona.

  • - “Valoremos los alimentos”. Con el fin de concientizar acerca de la importancia de valorar los alimentos y evitar el desperdicio, el Ministerio de Agroindustria de Argentina impulsa la campaña "Valoremos los alimentos" y para ello desarrolló dos manuales educativos: uno para los consumidores y una Guía Integral para Municipios para aprovechar al máximo los alimentos. Bajalos a tu PC y ¡empezá a seguir las sugerencias! http://infoalimentos.org.ar/temas/nutricion-y-estilos-de-vida/222-valoremos-los-alimentos-decile-no-al-desperdicio

En este link encontrás otras iniciativas para reducir la pérdida y desperdicio de alimentos en Argentina: http://www.alimentosargentinos.gob.ar/HomeAlimentos/ValoremoslosAlimentos/iniciativas.php


Bancos de Alimentos

La Red Bancos de Alimentos es una asociación civil sin fines de lucro que agrupa a 16 Bancos de Alimentos, y organizaciones, distribuidas en 14 provincias argentinas. Los Bancos de Alimentos contribuyen a reducir el hambre, la malnutrición y el desperdicio de alimentos en el país, rescatando alimentos aptos para el consumo humano antes de que sean desechados, a fin de almacenarlos, clasificarlos y distribuirlos, de manera trazable y segura, entre entidades de ayuda comunitaria. Para conocer cómo se gestó el nacimiento de los bancos de alimentos nos podemos remontar al año 2000, a raíz de la crisis socioeconómica en Argentina. En ese año nace el Banco de Alimentos de Buenos Aires como iniciativa de un grupo de personas preocupadas por la situación que atravesaba el país y el permanente desperdicio de alimentos que se registraba a diario. Realizó su primera entrega en abril de 2001, convirtiéndose en el primer Banco de Alimentos de Argentina. Reciben alimentos donados de empresas, supermercados y productores agropecuarios, aptos para consumo. Los clasifican con la ayuda de voluntarios, los almacenan en depósitos propios que poseen cámaras de frío, lo que les permite recibir también productos refrigerados y congelados, además de los perecederos. Luego, los alimentos y productos son distribuidos entre comedores y otras organizaciones sociales en Capital Federal y Gran Buenos Aires.
 

La ciencia y la tecnología ayudan a reducir el desperdicio de alimentos y su impacto ambiental

La ciencia y la tecnología nos ayudan a reducir la pérdida y el desperdicio de comida. La tecnología de alimentos resulta de la aplicación de la ciencia y la ingeniería a la producción, preservación, almacenamiento, distribución y recepción por parte del consumidor, facilitando procesos que hacen a la inocuidad, seguridad y preservación de los alimentos. La ciencia de la calidad también ha hecho grandes aportes a los alimentos, a través de la aplicación de una filosofía particular, basada en la búsqueda de la excelencia en todas las actividades humanas. La calidad de un alimento es la aptitud que presenta el mismo para su ingestión teniendo en cuenta su valor nutritivo, su textura, color, aroma, gusto, composición, tipo de envase, debiendo ser apto microbiológicamente y libre de sustancias indeseables, ya sea presentes accidentalmente o agregadas deliberadamente. Todo esto se consigue a través del control de la materia prima, del proceso, del producto terminado y de la recepción del alimento al consumidor distribuidos en góndolas en los supermercados, en los almacenes minoristas, en los kioscos, etc.

El mejoramiento moderno de variedades y en especial la biotecnología agrícola, también hacen su aporte. Veamos algunos ejemplos. Queremos comer frutas y verduras de aspecto perfecto. Si la manzana o la papa luego de cortarlas están “negras” pensamos en desecharlas. Los niños no se llevan manzana cortada en cubos como snack al colegio porque “se pone negra”. Gracias a la biotecnología ahora hay manzanas genéticamente modificadas, ya disponibles para consumo en Estados Unidos, que no se oxidan. También existen papas obtenidas por transgénesis o editadas genéticamente que son menos propensas a oxidación, moretones y manchas negras, lo que significa que menos partes de la papa van a terminar en las bolsas de basura.

Por otro lado, en el mundo, se pierden cultivos debido a malezas, insectos y enfermedades. Las malezas pueden afectar la calidad de lo producido y pueden aumentar las pérdidas aparte de reducir los rendimientos. Hay casos donde el enmalezamiento es tan grande que no se cosecha directamente ese sector y queda lo producido en el campo. Gracias a los cultivos tolerantes a herbicidas, resistentes a insectos y resistentes a enfermedades, los agricultores pueden manejar estos problemas con mejores herramientas y aumentar los rendimientos, mejorando la calidad de lo producido y reduciendo las pérdidas. La biotecnología también puede producir cultivos que son más tolerantes a condiciones climáticas extremas. Una soja o maíz transgénico tolerante a la sequía puede ayudar a los agricultores a minimizar las pérdidas asociadas con situaciones de falta de agua.

Desperdicio y cambio climático

Un último punto de análisis. La comunidad científica señala que la comida sobrante contribuye al cambio climático. Entre el ocho y el diez por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero están relacionadas con alimentos perdidos durante las etapas de cosecha y producción o por desperdicio de los consumidores, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Los desperdicios de comida arrojados a la basura producen metano, un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono. Si el desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercer productor más grande del mundo de gases de invernadero, luego de China y Estados Unidos. Además, para cosechar y transportar alimentos que terminan como desperdicios, se gastan miles de millones de hectáreas de tierra fértil, millones de litros de agua y enormes cantidades de combustibles fósiles.


Final esperanzador

Estamos frente al momento en que el desperdicio de alimentos puede convertirse en un problema global. Los consumidores de todo el mundo tenemos una cuota de responsabilidad en la solución de este problema. El desperdicio es una oportunidad perdida de alimentar al otro. Hay que buscar alternativas, soluciones contra la crisis alimentaria que se avecina. Los problemas se multiplican, así que también debemos multiplicar las soluciones. Descartar menos, desperdiciar menos.

“2x1 en Nueva Zelanda”: menos plástico y menos desperdicio. En Nueva Zelanda lanzaron una campaña denominada “Comida desnuda”, que elimina los envoltorios plásticos de los alimentos, sobre todos los productos frescos, lo que significa el principio del fin para el plástico en los supermercados. Como “efecto colateral” a esta medida, las ventas de algunas hortalizas han aumentado hasta un 300%, ya que ahora los clientes pueden oler las frutas y hortalizas, y al rociar los productos con agua para mantenerlos frescos, conservan mejor su color y textura. No sólo la fruta se ve mejor y se ahorra plástico, también los supermercados de Nueva Zelanda esperan deshacerse de todas las bolsas de un solo uso, regalando bolsas reutilizables.

En este sentido podemos decir que en Argentina también tenemos “comida desnuda” si pensamos que (si bien aún existe la oferta de productos frescos envasados en plástico), los argentinos tenemos la costumbre de comprar en verdulerías donde se exhiben los alimentos sin ningún envoltorio y lo mismo sucede en los sectores de venta de frutas y verduras en los supermercados.

Cuidar el medio ambiente, usando menos envoltorios plásticos, y reduciendo la pérdida y el desperdicio de alimentos, es el mejor “negocio” que la humanidad puede hacer.

 


Ley 25.989 (Ley Donal)

El 10 de octubre de 2018, la Cámara de Senadores aprobó las modificaciones a la Ley 25.989 (Régimen especial para la donación de alimentos, conocida como Ley Donal), una ley sancionada en la Argentina en 2004, con el objetivo de incentivar las donaciones de alimentos para contribuir a satisfacer las necesidades de las poblaciones más vulnerables. La Ley Donal, estipula quiénes pueden donar, qué productos, cómo debe hacerse y los derechos y obligaciones de cada parte. La modificación incluye el artículo 9 que deslinda de responsabilidad a los donantes por los daños y perjuicios que pudieran producirse, siempre y cuando la donación se hubiese efectuado sin ocultar vicios de la cosa y contando con los controles bromatológicos exigidos por el Código Alimentario Argentino. La Ley Donal pretende incentivar las donaciones de alimentos aptos para consumo humano que perdieron su valor comercial ya sea porque, se encuentran próximos a su fecha de vencimiento, tienen problemas de etiquetado o packaging, no tuvieron éxito comercial o son productos estacionales, pero que mantienen su valor nutricional.


 

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